viernes, 19 de agosto de 2011

RESEÑA: Shaman y los Hombres en Llamas

El muchacho del sombrero bombín acaba de editar su segundo LP. Se trata de una co-producción afectiva entre Laptra, Mandarinas y Peatón que Graziano reseñó para la G7 de agosto. Si acaso no vieron la revista, aquí está el texto.
SHAMAN & LOS HOMBRES EN LLAMAS / SHAMAN & LOS HOMBRES EN LLAMAS
Como tantos otros muchachos, Shaman llegó a La Plata desde Comodoro Rivadavia para estudiar quien sabe qué cosa. Ahí, en la ciudad de las diagonales, encontró dos cosas. Primero, una escena efervescente. Se convirtió, entonces, en un personaje transversal del circuito, colaborando con algunas de las bandas más interesantes del último rock argentino como Sr. Tomate y El Mató. Luego encontró un lago escondido, profundo y repleto de criaturas antediluvianas. Era su canción, un paraje desolado en algún lugar entre Violeta Parra y Color Humano. Para exorcizar esa música, Shaman decidió reclutar una banda de cófrades (Los Hombres en Llamas) y editó un primer disco prometedor: En el mundo de fuego. Ahora, más de dos años después, vuelve con las manos llenas de oro negro. Producido por Daniel Melero, su disco nuevo es un diario de viaje psicodélico hacia los confines de la Patagonia. En ese sentido, no resulta extraño que uno de sus recursos predilectos sea el hömeii, un canto gutural y místico que utilizan los pastores en las planicies rusas de Tuva. De algún modo, la flecha de Shaman parece trazar su propio puente entre la estepa siberiana y los caminos del ripio santacruceño.
Martín E. Graziano

viernes, 12 de agosto de 2011

RESEÑA: Revolución o picnic

Después de un breve impasse, en el cual Acho Estol editó Buenosaurios y Dolores Solá visitó la canción criolla del Centenario, La Chicana volvió con un disco doble. Lo estrenaron con diez conciertos en el Tasso y ahora empiezan a girar: y habrá que verlos en vivo haciendo este repertorio, propio y apropiado. Graziano reseñó el disco para la Rolling Stone de agosto. Si no tienen la revista, pueden leerlo en su site.

jueves, 11 de agosto de 2011

PABLO MALAURIE: el juglar imposible

No se dejen engañar por la inactividad de este blog. Nuestras fuentes aseguran que Graziano, aunque se esfuerce por disimularlo, está trabajando a todo vapor. Mientras dure ese torbellino, aprovechamos para publicar la entrevista que hizo con Malaurie, el ex-guitarrista de Mataplantas que el año pasado se apareció con un disco bien extraño. Una suite pop y artesanal que remite a la trova provenzal, las operetas criollas y la pintura romántica. Originalmente, se publicó en el especial de músicas nuevas que G7 sacó hace unos meses.
EL JUGLAR IMPOSIBLE

Por Martín E. Graziano

Mataplantas siempre fue un planeta deforme. Una banda de cepa spinetteana, capaz de manejar una psicodelia sci-fi en plena estandarización del rock argentino. Aún así, nadie esperaba estos frutos extraños: en el 2010 su guitarrista Pablo Malaurie editó subterráneamente un disco que poco a poco subió a la superficie para respirar. El Festival del Beso venía en una caja de cartón corrugado, acompañado por una postal firmada por Malaurie y una pintura del francés William Bouguereau (1825-1905) en la tapa. La música era mágica: un puñado de piezas para ukelele cantadas con una voz hermafrodita. A veces, devocional; a veces, herética. Desde luego, las referencias de El Festival del Beso iban muy hacia atrás: había trovadores provenzales, arias y operetas, pintura romántica, música acústica y atrevida del año 500. Por eso el año pasado, durante la noche más calurosa de la década, el videasta Vincent Moon registró a Malaurie tocando en un parque. Extrañamente, esa filmación derivó hacia Rumania. Hoy, la película Loverboy (del realizador Catalin Mitulescu) es parte de la selección oficial para Un Certain Regard, en el Festival de Cannes. Con la actuación de Malaurie y su música original.
¿Cuándo comenzaste a sentir la necesidad de abrir tu camino?
Empecé a luchar con un banjolin cuya falta de afinación me llevó a descubrir la técnica del vibranjo. Algo parecido pasó con mi voz, que amplificada con una taza y jugando a Libertad Lamarque, dio como resultado el viejo canto de mi abuela Pichina. La suma de esas cosas dio como resultado un mundito sobre el cual quise tener control absoluto. La idea inicial era la de un juglar que viaja con un mensaje, pero como el viaje dura cientos de años, cuando llega su discurso es tan viejo que resulta moderno.
El instrumento central es el ukelele. ¿De dónde viene tu relación con ese instrumento?
Para tocar mejor tu instrumento, siempre tenés que tocar otros. Y si la guitarra te pesa y los cables te rompen las bolas, lo mejor es ir por un ukelele. Nunca había visto ukeleles en Buenos Aires y cuando vi el primero me lo compré. Era uno medio choto, pero enseguida me propuso canciones nuevas. Además era igual al que tiene Elvis Presley en la tapa de Blue Hawaii. A los dos meses, en el Parque Centenario, me estaba esperando un ukelele nacional, construido por los Hermanos Breyer en la década del ‘20. Con ese me quedo.
¿Cómo empezaste a explorar esa área tan específica de tu voz?
La voz es un instrumento muy íntimo. Es algo único e irrepetible y está lleno de cosas con las que jugar y transmitir. Lo del falsete vibrateado es una parte del personaje: me gusta entrar y salir, combinar con una voz más grande, cantar como una mujer o como el Topo Giggio. Todo empezó con esa taza.
En pleno derrumbe de la industria discográfica, la edición del disco es la apoteosis de lo personal. ¿Por qué?
“El Festival te bienviene de puño y letra. Esto es música nueva del año 500 y viaja por correspondencia”: me gustaba que ese texto de bienvenida tenga la calidez necesaria, que se vea mi letra tal como es. En las primeras copias invitaba a que me manden manuscritos a una casilla postal y recibí cosas preciosas con gran emoción. En la Era del Calentamiento Global todo tiende a enfriar como una heladera. Yo todavía estoy caliente.
Estuviste en Rumania, filmando y tocando tu música. ¿Cómo sucedió?
Bianca Oana, guionista de Loverboy, buscaba un video de Beirut en el sitio Blogotheque y se encontró con los videos que filmó Vincent Moon conmigo en las calles de Buenos Aires. Le mostró los videos al director Catalin Mitulescu y decidieron convocarme para hacer la música y actuar en la peli. Así fue. Ahora, Rumania es parte de mí: fue muy intenso todo lo que viví allá, tanto profesional como personalmente. Todavía me conmueve que mi voz me haya llevado hasta allá. De pronto estaba en medio de un rodaje, actuando y componiendo una banda sonora con un grabadorcito en un hotel en Rumania.
¿Te sentís parte de una escena?
Nunca se bien donde está la escena. Somos muchos amigos que estamos en la misma. Es un trabajo muy divertido el de hacer canciones y a la vez es muy angustiante hacerte un lugar como artista y morfar de eso. Creo que formamos una fuerza entre todos los que lo hacemos con alegría. Esa es mi escena, y somos un montón.
¿Qué público puede entenderse con El Festival del Beso?
Es un disco para gente de 0 a 99 años. La música tiene poderes especiales que trascienden todo tipo de entendimiento.

domingo, 24 de julio de 2011

TAPA: Cancionistas del Río de la Plata

Después de un largo camino, finalmente apareció por ahí la tapa del libro de Graziano. Se publica en agosto, en el marco del catálogo exquisito de Gourmet Musical.

martes, 19 de julio de 2011

RESEÑA: Hombre golpe

Ilustrado con las figuras del gran artista tucumano Alejandro Contreras Moiraghi, acaba de editarse el nuevo disco de Ezquiaga. Graziano lo reseñó para Rolling Stone. Como corresponde a este blog, el texto está por aquí.
MARCELO EZQUIAGA- Hombre Golpe (Rompo Discos)
A pesar de ser un hijo pródigo para la Buenos Aires lánguida de Nadar solo, la música de Ezquiaga viene con el ánimo en alza y otra mirada regional. En el comienzo, Hombre Golpe ya propone su propia constelación: una especie de cielito criollo con vientos beatles y la voz doblada sacando pecho. Ezquiaga lo resuelve con una gran inventiva melódica y armónica, muy probablemente resultado de su formación pianística. Desde Un buen pescador –su primer disco solista tras la disolución de Mi Tortuga Montreaux-, puso los teclados justo en el centro de la escena, entre la cama y el living. La conexión con Charly García se extiende a la mítica de los estudios ION y al pulso de Fernando Samalea, que también aporta el timbre de su bandoneón en algunas canciones. Picante y cotidiano, Marcelo tiene esa clase de instinto pop que, con un gramo más de contundencia, lo tenés sonando en la radio. De hecho, si el mundo fuera justo y la payola un cuento viejo, “El gaucho...” sería tema del año en cualquier lista.
Martín E. Graziano

lunes, 18 de julio de 2011

EUSEBIO PONCELA: el tornado

Ah, si: Graziano continúa permitiéndose algunos gustos. Lujos no menores, hay que decirlo. Cuando la obra Las estrellas nunca mueren aún estaba en cartel, nuestro periodista entrevistó a Poncela y despejó varias dudas sobre la relación del actor con la ciudad de La Plata. Nada de eso escribió para la nota que G7 publicó en su edición de mayo, con las fotos -exquisitas- de Magalí Flaks. Pero otras cosas si fueron dichas. El asunto es por este pasillo.